¿Es la edad la principal culpable de nuestros achaques?

A medida que van pasando los años, especialmente a partir de los 30, nuestro cuerpo nos empieza a dar pequeños toques de atención. Solemos excusarnos con que son los achaques típicos de la edad, pero ¿hasta qué punto el envejecimiento es el principal causante de estas molestias?

Todos tenemos a familiares o amigos que tienen una condición física bastante pobre pese a ser jóvenes, y en cambio otros de edad mucho más avanzada disfrutan de unas aptitudes físicas envidiables. Seguro que ahora te vienen a la mente algunos ejemplos.

¿Te has parado a observar en qué se diferencian ambos casos? ¿Qué actividades realizan durante su día a día? ​​

​Por mi propia experiencia personal y en lo que he podido ​comprobar con mis clientes, el problema no radica en el envejecimiento sino en la falta de ​actividad y ejercicio físico.

​¿​Te ​has hecho mayor o ​has envejecido?

La cuestión que es que no envejecemos desde el primer día de vida, sino desde que superamos la adolescencia, es decir; tras culminar nuestro desarrollo y maduración.

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La vejez es ​una pérdida de funcionalidad de nuestros órganos y sistemas que se manifiesta entre otras de las siguientes ​maneras:

  • Disminución la frecuencia cardiaca y el volumen de sangre expulsado por nuestro corazón.
  • Las arterias se vuelven más rígidas y aumenta la presión arterial.
  • Empeoramiento de la movilidad torácica ​dificultando la respiración.Reducción de la masa muscular (sarcopenia) y de la fuerza que podemos generar (dinapenia).
  • Degeneración de las articulaciones (artrosis) y se produce una pérdida de masa ósea (oteoporosis).
  • Tendencia a consumir más oxígeno y peor aprovechamiento del mismo.
  • Mayor resistencia a la insulina provocando una predisposición a la diabetes.
  • Aumento de la grasa y redistribución hacia la zona abdominal y las vísceras.

​Un ejemplo de que no es lo mismo cumplir años que envejecer

Mi padre siempre ha disfrutado de buena salud. ​Recientemente ha cumplido 75 años, ​una edad razonable para pensar que el envejecimiento le debería estar causando ​muchos efectos negativos en su ​calidad de vida. Sin embargo, te puedo asegurar que en los últimos 15 años ​no ha habido cambios significativos.

Una de las principales razones es que ha pasado ​buena parte de su vida en el campo desempeñando tareas agrícolas. Estas le proporcionan un estímulo suficiente y una gran variedad de movimientos: caminar, agacharse, transportar, golpear, trepar, alcanzar,...

​​Debido a la frecuencia, variabilidad e intensidad de su actividad diaria, ​no necesita realizar ejercicio físico para compensar las horas que está inactivo ni tampoco una pulsera que le cuente los pasos para ver si alcanza los famosos 10.000.

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​Por otro lado, quiero destacar que su alimentación ha estado mayoritariamente basada en comida real​. Y además, desde su prejubilación, ha estado alejado del estrés, del ruido y de la contaminación de la ciudad.

Ya sé que aunque ​tiene unos hábito de vida saludables no va a vivir eternamente, pero lo más probable es que gracias a ellos conserve su autonomía e independencia casi hasta el final de sus días.

​Sin movimiento no hay salud

Lo observado en mis prácticas de FP en una clínica de fisioterapia no ha hecho más que reafirmar este convencimiento. Por mucho que ayuden las terapias manuales,​ ​éstas resultan insuficientes como única estrategia​ para lograr una recuperación a largo plazo.

No me malinterpretes, pienso que los fisioterapeutas tienen una función muy valiosa. De hecho ​​deberían formar parte del sistema público de salud igual que los dietistas-nutricionistas y los preparadores físicos. A mí me han ayudado en bastantes ocasiones y cuando lo considero necesario recurro a ellos. ​Desde luego es mucho ​más acertado que echar mano de medicamentos para tapar los síntomas y continuar agravando el problema.

​​El resultado del programa de readaptación que duró cinco meses​ y por el que pasaron casi una docena de ​personas fue que muchos de ell​as mejoraron considerablemente de las patologías por las que acudían con frecuencia al fisioterapeuta. 

Sin embargo, otros pacientes no tuvieron la misma suerte ya que no ​pudieron y/o quisieron ​realizar una o dos sesiones a la semana, o al menos dedicar cada día un rato a realizar algunos ejercicios sencillos. ​Si le añadimos que ​pasaban la mayor parte del día tiempo sentad​os, ya fuera en la oficina o conduciendo, no es casualidad que fueran l​os que más molestias padecían en la espalda y recaían con más frecuencia. 

Sé lo complicado es ​conven​cer a la gente de que necesita realizar ejercicio físico para disminuir o eliminar los malestares que les afectan. Durante una época de mi vida uo tampoco ​​hice caso de estas recomendaciones hasta que comprobé por mí misma su influencia en la reducción de la cantidad de crisis que tenía cada año y la intensidad de las mismas.

​Además no es solamente que la persona tenga que poner un esfuerzo de su parte ​sino también que el resultado no se va a apreciar de forma inmediata. Y seamos sinceros, la paciencia y la disciplina no son valores ​que estén muy de moda en la actualidad.

​Como he podido ​evidenciar es fundamental seguir insistiendo en que haya más ​colaboración entre fisioterapeutas y preparadores físicos.

​Un programa de readaptación multidisciplinar​ ​logrará aportar mayores beneficios a medio plazo ​tanto a nivel de recuperación como de prevención​​ que cuando ​ambos planteamientos actúen de forma ​separada.

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La edad es solamente un número

​No quería terminar con esta reflexión sin presentaros uno de estos pacientes. Se llama Leoncio, tiene 69 años ​y ​en el último año padeció molestias en el glúteo izquierdo por comprensión en la columna lumbar ​por lo que algunos días ​se le hacía díficil incluso caminar. También hay que mencionar que a pesar ​del trabajo de oficina que tuvo, en su tiempo libre es una persona activa; practicó artes marciales y pilates durante años, ​sigue yendo al gimnasio,... ​

​El primer día realizamos una sesión de evaluación sobre su movilidad, estabilidad y niveles de fuerza.​ Tras ese primer análisis le creé un programa de readaptación personalizado. ​

En la primera fase me centré principalmente en movilizar la cadera, flexibilizar y fortalecer las piernas y potenciar el core. Lo prioritario ​era ​eliminar o reducir tanto ​la intensidad como la frecuencia de los episodios de dolor agudo. Aproximadamente a los 2 meses empezamos a ver resultados positivos, pero por precaución continuamos unas semanas más ​buscando consolidar la recuperación.

Tras ​este período nos pareció oportuno realizar una etapa inicial de acondicionamiento físico como forma de prevención ante posibles recaídas. Así que durante las últimas 6 semanas llevamos a cabo ​un trabajo de fortalecimiento a cuerpo completo con ejercicios unilaterales en su mayor parte. El objetivo era tratar ​de equilibrar la estabilidad y agilidad de ambos lados del cuerpo.

A continuación te dejo una serie de videos como ejemplo de nuestras sesiones. Van por orden de dificultad, utilizan poco material y pueden aportar buenas ideas para mejorar la fuerza de vuestros ​familiares más mayores.


​Nunca es tarde ni demasiado pronto para empezar a ​moverse y realizar ejercicio físico.

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