“El todo es más que la suma de las partes”. Aristóteles

La fascia ha pasado de tener un papel de figurante a ser una de las estrellas del movimiento. Aunque parece como si de repente hubiera sido descubierta por un cazatalentos siempre ha estado presente en cada escena, esperando pacientemente su oportunidad.

Durante siglos resultó un estorbo, los anatomistas apartaban y desechaban la fascia para poder estudiar el resto del aparato locomotor.

No fue hasta los años 70 que algunos investigadores empezaron a estudiar de forma más detallada este tejido. Posteriormente, a partir de 2010 empezó a ganar protagonismo y a incrementarse de forma exponencial el número de investigaciones científicas al respecto.

Realmente aún queda mucho por saber acerca de este tejido, pero la evidencia generada hasta la fecha ha mostrado interesantes beneficios cuando se incluye la movilización fascial en la entrada en calor, en sesiones de recuperación y de mejora de la amplitud de movimiento (ADM).

Ya sea a nivel terapéutico, de ejercicio físico o deportivo estoy convencida de que integrar la participación de la fascia en los entrenamientos puede mejorar tanto la recuperación de patologías y lesiones como mejorar el rendimiento de forma significativa.

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Lo cierto es que en mi caso me esta haciendo replantear todo lo aprendido hasta el momento. Aunque me considero afortunada de haber entrado en el mundo del fitness cuando el entrenamiento funcional ya estaba en auge, creo que integrar este componente en mi filosofía de entrenamiento me permitirá ir un poco más allá.

¿Qué es la fascia?

La fascia es la estructura del tejido conjuntivo (MEC) del cuerpo. Está formada por agua, ácido hilaurónico y otras sustancias dando origen a un gel acuoso donde podemos encontrar diversos tipos de células (eritrocitos, leucocitos, adipocitos, osteocitos,...) entre las que destacan los fibroblastos. 

Los fibroblastos se encargan de producir los tres tipos básicos de fibras (colágeno, elastina y reticulina) que también conforman la MECEstas fibras unidas en combinación con otras células y otros componentes químicos dan lugar a su vez los otros tipos de tejidos: dermis, huesos, cartílagos, ligamentos, tendones, aponeurosis...

¿Cuáles son sus funciones?

Como ves en la imagen de arriba, la célula se conecta con las fibras de la MEC a través de las integrinas que atraviesan la membrana. 

La fascia da forma, protege, rodea, envuelve, conecta,... todos y cada uno de los elementos el cuerpo, desde un nivel microscópico (membrana celular) hasta macroscópico (la piel; tejido subcutáneo, revestimiento de órganos). 

En la MEC nos encontramos múltiples terminaciones nerviosas y receptores que nos informan de la temperatura (corpúsculos de Ruffini), rigidez, presión y dolor (corpúsculos de Pacini) y el grado de tensión o contracción muscular (órganos tendinosos de Golgi).

Son precisamente estos sensores los que estimulamos a través del masaje con los distintos accesorios de movilización miofascial y que provocan que los fibroblastos realicen cambios en la composición, organización y distribución de este tejido debido a dos de sus propiedades: mecanotransducción y piezoelectricidad.

Además la fascia posee capacidad viscoelástica: hasta un 50% de las fibras de colágeno extracelular se reorganizan en sólo 24 horas, de ahí la importancia del movimiento para nuestra saludo. Tan solo el hecho de mantener una postura o ejecutar movimientos específicos de forma reiterada ya produce cambios en el tejido con el único fin de disminuir el consumo energético de dicha posición o movimiento.

Cadenas miofasciales

Pero lo que más nos interesa es su vinculación al aparato locomotor, es decir; lo que viene a denominarse tejido miofascial (unión entre fascia y músculo).

De hecho se puede considerar el tendón como una prolongación de la fascia que atraviesa cada músculo en compartimentos más pequeños (epimisio, perimisio y endomisio) para finalmente unirse en la inserción que penetra en el periostio del hueso.

Todavía resulta más interesante la característica de continuidad que posee el tejido miofascial. Durante las disecciones anatómicas se ha detectado que la fascia conecta varios músculos de forma lineal formando cadenas.

Este descubrimiento tiene implicaciones importantes en cuanto a la biomecánica debido a la transmisión y contención de fuerzas (tensión y comprensión) que implica dicha conectividad. A la derecha puedes ver toda la cadena posterior superficial.

¿Quieres una pequeña demostración? Intenta tocar la punta de los pies con las rodillas extendidas. Ahora masajea la planta de los pies con una pelota durante 30 segundos cada pie. A continuación repite el movimiento y verás que te flexionas con más facilidad y has ganado rango de movimiento. 

Algunas aplicaciones prácticas

Como comentaba el tejido miofascial es plástico y maleable. Para provocar cambios en él puedes utilizar diversas herramientas: foam roller, roller massager o stick, pelota, pelota doble, IASTM... 

A la hora de elegir uno de estos accesorios para realizar la movilización miofascial debes tener en cuenta algunos aspectos:

  • La zona de aplicación: la primera regla es no presionar zonas óseas ni articulaciones de forma directa (ej. vertebras, escápula, rodilla,...) y la segunda es tener en cuenta el grado de disconfort, saber diferenciar entre molestia y dolor. Llegar a éste último no es necesario, ni tan siquiera útil. 
  • El tipo de material: tener en cuenta los diferentes grados de adherencia y contacto con la superficie de la piel.
  • El tamaño y la dureza: cuanto más pequeño y más denso sea el accesorio mayor presión generará y profundidad alcanzará respectivamente, y viceversa.
  • Diseño de la superficie: que sea lisa o rugosa hará que se vean estimulados distintos tipos de receptores de la miofascia.  
  • entrada en calor
  • recuperación

Una o dos series por grupo muscular de 20 a 30 segundos cada serie con un ritmo de paso de 1 segundo de ida y otro de vuelta, es decir de 10 a 15 pasadas.

Aplicar una presión media baja. No superar una escala de percepción de dolor de 4-5 sobre 10.

Los estudios científicos sugieren que mejora la amplitud de movimiento de las articulaciones sin interferir en la producción de fuerza, resistencia, potencia,... a diferencia de los estiramientos estáticos prolongados.

Te invito a que pruebes cada accesorio ya que no hay ninguno que se adapte idealmente a cada zona muscular o al umbral de sensibilidad de cada persona. 

Esta técnica de automasaje requiere un cierto período de adaptación pero una vez que adquieres cierto dominio no querrás dejar de utilizarla. A pesar de sus muchos beneficios no sustituye la terapia manual de fisioterapeutas y osteópatas pero si supone un complemento interesante para la recuperación de algunas patologías.

A continuación te dejo dos videos donde aplico diversos accesorios y diversas maneras de movilizar la fascia.

Si deseas ampliar más información puedes ver el documental "Fascinante fascia", pero sin duda te recomiendo la lectura del libro "Vías Anatómicas" de Thomas W. Myers (las imágenes proceden de dicha obra). 

Este artículo ha sido tan solo el episodio piloto. En próximas entregas me gustaría continuar desarrollando la trama y presentarte las cadenas miofasciales. Te aseguro que será una serie con mucho movimiento. ;)

Bibliografía

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