¿Cómo van tus propósitos de 2018? ¿Ya has dado alguno por imposible o lo has aplazado de nuevo para 2019?

Cada fin de año, de mes o de semana solemos establecernos objetivos y una fecha concreta para empezar con las tareas que nos llevarán a conseguirlos. Los más típicos suelen ser dejar de fumar, adelgazar, hacer ejercicio, ser más ordenado, aprender inglés, ahorrar,...

Querer mejorar tu vida en algún aspecto siempre es positivo, pero antes de lanzarte a esa buena causa, te has preguntado por qué o para qué quieres hacerlo. ¿Cuál es tu motivación principal? ¿Qué te impulsa a desear realizar ciertos cambios?

Si no haces una reflexión previa antes de ponerte manos a la obra, las posibilidades de fracasar son mayores. Al fin y al cabo ya tienes unos hábitos arraigados con los que tu cerebro se siente cómodo y ya se ha hecho eficiente ejecutándolos.

Los cambios implican salir de la zona de confort, desaprender, detener automatismos,... Esto supone un gran esfuerzo y un mayor gasto energético durante las primeras fases, de ahí que la mayor tasa de abandono se produzca al inicio del proceso.

¿Entonces cuál es la fórmula secreta que te permitirá cumplir esos propósitos? Es de todo menos una ecuación simple. Te aseguro que solo por desearlos con todas tus fuerzas y visualizarlos no hará que el universo conspire para que los alcances. Necesitas mucho más que fe y buenas intenciones.

La dichosa fuerza de voluntad

Hasta el momento la ciencia ha partido de la premisa de que existe como una capacidad inherente al ser humano. A través de diversos experimentos se ha tratado de determinar si aumenta o disminuye en determinadas circunstancias, pero no se ha llegado a ningún resultado esclarecedor. Además las investigaciones realizadas hasta la fecha contienen bastantes sesgos; tanto en su planteamiento como en la percepción que tienen de ella los participantes.

Yo creo que sí se puede llegar a una conclusión a partir de esos estudios científicos, y es que la fuerza de voluntad no es una cualidad psicológica, es un actitud "caprichosa" que puede ser equiparable a una idea abstracta como "tener fe".

Por otra parte si analizamos la historia de alrededor de este concepto nos encontramos con que es un constructo cultural de la época victoriana, por decirlo de otra manera, no es más que una versión laica del autocontrol que promulgan algunas religiones y filosofías.

Seguro que a ti también te habrá pasado, no te parece que para algunas cosas nos sobra, pero para otras que nos motivan menos, ni está ni se le espera. Igualmente seguro que conoces personas que son muy disciplinadas y constantes con el ejercicio físico pero son incapaces de llevar una alimentación saludable, y al contrario.

"Es que no tienes fuerza de voluntad"

En la actualidad la sociedad utiliza habitualmente esta expresión para culpabilizar a las personas por no ser capaces de cumplir con ciertos cánones.

Si padeces obesidad, tienes alguna adicción, no posees unos estudios mínimos o sufres pobreza serás acusado de “falta de voluntad”, de perezoso, de falta de ambición, de débil,... La verdad es que resulta rídiculo que un concepto inventado sea la causa de tus circunstancias actuales, cuando realmente habrá multitud de factores que habrán contribuido, de los cuáles algunos serán tu responsabilidad y otros no.

Lo que te aseguro es que es una fuente de prejuicios hacia los demás. Sin embargo, cuando el problema lo tenemos nosotros siempre encontraremos esas causas ajenas para eximir la responsabilidad de nuestros actos o comportamientos. Ya sabes que los demás tienen falta de voluntad pero nuestros problemas son culpa de la sociedad, de las circunstancias o de otra persona.

Y si lo planteamos desde otro punto de vista, ¿no será que cuando abandonamos un proceso de cambio es por qué realmente no hemos dado con esos motivos sólidos que nos harían continuar y/o que hemos estado siguiendo las estrategias inadecuadas?

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Resumiendo, la fuerza de voluntad es una creencia limitante. Nunca te va a ser útil para resolver esos problemas o para lograr tus deseos. Si tu consideras que tu falta de voluntad es un obstáculo, es probable que lo uses de excusa, como si fuera una fuerza externa que no puedes controlar, y así además evites reconocer que la motivación no es la adecuada o que dejes de buscar planes alternativos para conseguir tus metas.

Necesidad excesiva de aprobación

Imagina la típica reunión familiar en la que alguien te dice que te ve más mayor o que deja caer que has engordado. En el momento puede que te moleste un poco, y lo dejas pasar pero de alguna manera queda grabado en tu subconsciente.

Antes de dicho comentario ni siquiera habías reparado en tu aspecto físico, tenías otras prioridades: trabajo, ocio, estudios, familia,... y te sentías bien contigo mismo. Sin embargo, días más tarde empiezas a plantearte tomar medidas al respecto.

Todos queremos gustar y sentirnos apreciados, valorados o admirados. Pero si tus ganas de mejorar tu apariencia o forma física se basan únicamente en los demás opinan sobre ti, es decir; si solo buscas satisfacer tu necesidad de aprobación social, nunca estarás satisfecho con los resultados porque nunca gustarás a todo el mundo. Y es más, puede que lo único que consigas es un continuo malestar y disconformidad con tu imagen corporal.

Tipos de motivación

Esas motivaciones que mencionaba más arriba son las denominadas extrínsecas. Se llaman así porque provienen de fuera, son “impuestas” u obligadas.

Un aspecto destacable de la motivación extrínseca es que puede crear cierta resistencia aunque el propósito a alcanzar sea positivo para nosotros. Somos rebeldes por naturaleza, aunque queremos sentirnos integrados en nuestro grupo social también nos gusta sentirnos independientes y autónomos a la hora de tomar decisiones y lograr nuestros objetivos.

En oposición está la motivación intrínseca, la que nace de tu interior. Es esa que te mueve a hacer cosas en las que disfrutas del proceso independientemente de los resultados, y que curiosamente estos además suelen acabar siendo mejores.

Recuerdas que en el colegio que había asignaturas que te encantaban y otras que se te atravesaban. Generalmente con las primeras no te importaba dedicarle tiempo, profundizar más y, en consecuencia sacabas mejores calificaciones. Con las otras no te quedaba más remedio que cumplir. Además independientemente de las notas que sacaras parecía que te costaran mucho más esfuerzo. Es incluso probable que de haber podido hasta hubieras renunciado a estudiarlas.

En mi caso ya desde principio de curso procrastinaba el estudio la asignatura de física hasta junio, en cambio le dedicaba tiempo todos los días a la filosofía porque me encantaba (y lo sigue haciendo).

La competencia y la autonomía aumentan la motivación

Pero como siempre no todo es blanco o negro. Una motivación que puede empezar siendo extrínseca y durante el proceso transformarse en intrínseca.

Imagina que ves conveniente realizar un curso sobre un contenido que en principio nunca te había llamado la atención. Puede suceder que durante el desarrollo del mismo te encuentres con un profesor que sabe transmitir su pasión por la materia que enseña.

O para tu sorpresa descubres que tienes un talento por encima de la media para adquirir ese conocimiento lo que te hace sentirte más autoeficaz y genera cierta admiración y respeto de tus compañeros. En su momento a mí me ocurrieron ambas cosas con la contabilidad que no creo que sea una temática que levante pasiones precisamente. 

Cuando adquieres cierta maestría sobre un tema estarás más predispuesto a tener éxito en tu propósito ya que te sentirás más capaz de afrontar los pasos que son necesarios para alcanzarlo.

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¿Has visto a algún "friki" que necesite apoyo y ánimo para aprender o invertir tiempo en la temática de la cuál es experto?

Si nos enfocamos en el terreno de las dietas, si no sabes preparar comidas sabrosas con alimentos saludables te será muy difícil llevar una alimentación sana y mantenerla a largo plazo. Así que empieza por mejorar tus competencias culinarias con un curso de cocina o practicando con vídeos de recetas de los cientos que puedes encontrar en Youtube o en blogs.

Además de lo anterior, ten en cuenta que la mayoría de tus decisiones son inconscientes (hormonas, emociones, hábitos), por lo que si quieres garantizar que sean objetivas e independientes a la hora de elegir alimentos, apunta estas estrategias:

  • Vete sin hambre a comprar. Si llevas satisfecha esta necesidad fisiológica te será más fácil tener autocontrol.
  • Lleva una lista de lo que necesitas. El marketing de la industria alimentaria te pondrá todo tipo de cebos para que piques y compres productos que deberías evitar o reducir su consumo.
  • No te rodees de ultraprocesados a ver si eres capaz de aguantar la tentación. Póntelo fácil, si al principio no puedes evitar comprarlos, al menos escóndelos al fondo de un armario y ten a la vista siempre comida real (fruta y frutos secos).

Enfría tu mente. Piensa antes de decidir. 

Para terminar te propongo realizar un ejercicio de sinceridad contigo mismo que te puede ahorrar tiempo y frustración.

Responde por escrito a estas preguntas:

  • ¿Sientes satisfacción con tu condición física o estética actual? (se puede aplicar a otros ámbitos: laboral, situación sentimental,...)
  • ¿En qué ámbito y qué aspecto cambiarías si pudieras?
  • ¿Cómo mejoraría tu vida si lograras ese cambio?
  • ¿Qué pasaría si no lo lograras?
  • ¿Lo que quieres lograr va a en contra de tus principios o tu salud?
  • ¿Cómo afectarían tus nuevos comportamientos a las demás circunstancias que te rodean (relaciones sociales, ocio, tiempo libre, familia, trabajo,...)?
  • ¿Qué estás dispuesto a hacer para conseguirlo?
  • ¿Te sientes capaz de llevar a cabo todos los pasos para llegar a tu objetivo?
  • ¿Hay algún aprendizaje o adquisición de una nueva competencia que te pueda ayudar?
  • ¿Hay algún hábito o comportamientos actuales que creas que te está perjudicando?

Tras responder a estas cuestiones déjame felicitarte. Has superado la primera piedra en el camino y la has convertido en un arma que llevar contigo. Podrás echar mano de ella durante el viaje para superar los momentos difíciles.

Guarda el escrito y cuando te sientas cansado o desmotivado y estés tentado a abandonar o cambiar de destino tómate unos minutos para situarte de nuevo en el mapa:

  • Vuelve a revisar tus respuestas y compáralas con la situación actual. ¿Ha cambiado algo? ¿Sigue mereciendo la pena el esfuerzo?
  • Mira hacia atrás y valora todo lo que has avanzado y conseguido hasta el momento. ¿Te sientes satisfecho contigo mismo? ¿Hay algo que podrías hacer mejor a partir de ahora o existe otra ruta alternativa más adecuada a partir de este punto?

Ahora sí, es el momento de pensar cómo lo harías, pero no te ciegues con la primera estrategia que se te ocurra. Normalmente nunca hay un solo modo de hacerlo, y si no se te ocurren alternativas; investiga, pregunta, haz una tormenta de ideas...

A partir de ahí queda decidir la opción más efectiva, planificar, actuar y revisar. Pero esos serán asuntos de próximas entregas. 

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